Esta
vez no lo abro.
Esta
vez prefiero hacerle caso a lo que decía el tatuaje de esa piba cotidiana del
subte:
“soltar”.
Esta
vez
dejo
que ruede por un tobogán de megapixels,
que
se hunda en el agujero negro de la memoria,
que
no salte como spam.
Esta
vez correte,
dejame
que salga,
no
te trepes por mis brazos,
no
te subas hasta mi pecho
no
me cortes la respiración.
Quiero
beber de otra cosa.
Esta
vez, mientras viajo,
no
me muerdo el labio esperando,
no
te llevo en el bolsillo constante.
Esta
vez te bloqueo, despierto.
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